Momento abuelita
Cambiar de estación es un asco, querido agujero negro y antialérgico, todos los años lo mismo. ¿Tú te crees que en lo que va de semana me ha salido una arruga en el blanco del ojo y no puedo dormir del lado izquierdo porque me mareo? Por Zeus y por todos los dioses olímpicos en fila india pero ¡qué me queda por ver! . Afortunadamente la arruga ya está más planchada (¿a alguien le ha pasado esto alguna vez?) y lo de no poder dormir del lado izquierdo sigue ahí, pero me apaño con el derecho. Esas son las novedades de este año en lo que a llegada del otoño se refiere, pero en el pack también va estornudar siete veces seguidas (que agrada mucho en las reuniones sociales) y que a veces se me ponen los ojos como a la canguro de Los Increíbles. De verdad, como diría Cristina García Marcos, "vaya coñazo de estacióoon, estacióooon... "( bueno, ella no diría coñazo, en primer lugar porque es muy pija y en segundo lugar, porque la sobredosis de bótox impide pronunciar palabras de estas que se te llenan la boca).
En fin, una es propensa a percances frikis de salud. Menos mal que el martes, 27 de septiembre, en la sala Ritmo y Compás actúan los 57 grados (más o menos a las 21,30) y se me van a pasar todos los males. Ya, ya lo sé, esta publicidad final ha quedado chusca, pero la ocasión lo merece.

Nenas, dejaos de Fran Perea e id poniendo estas caras en vuestras carpetas.